Diez aplicaciones, diez formas
Abre los repositorios de diez aplicaciones de una misma organización y es probable encontrar diez formas distintas de hacer lo mismo: la documentación en sitios distintos (o en ninguno), scripts de despliegue diferentes, nombres de carpetas inventados por cada persona. Cada vez que alguien cambia de proyecto pierde días en aprender dónde está todo.
Una plantilla, no una guía
La solución no es una guía de estilo que nadie lee. Es una plantilla ejecutable: un comando que crea la aplicación nueva con todo lo que necesita desde el primer minuto.
Lo que trae una plantilla bien pensada:
- Estado y bitácora de la aplicación desde el día uno (en qué fase está, qué se decidió).
- Carpeta de documentación con la especificación y los registros de decisión.
- Estructura de código estándar para cada parte (interfaz, servicio, datos).
- Despliegue ya preparado, con el mismo mecanismo que el resto de aplicaciones.
- Configuración por entorno, separada del código.
Reglas para que funcione
- La plantilla también es un producto. Se mantiene, se versiona y se mejora con lo que aprenden los equipos.
- Crear una aplicación no debe pisar nada existente. Si el registro ya tiene datos de esa aplicación, la plantilla los respeta en lugar de sobrescribirlos.
- Lo opcional se activa, no se borra. Si una aplicación no necesita base de datos, la plantilla no la despliega, pero la estructura queda lista por si mañana la necesita.
- Las aplicaciones antiguas se incorporan con el mismo esqueleto, aunque sea poco a poco.
Una aplicación que nace de la plantilla ya sabe dónde va su documentación. Lo siguiente es que la organización sepa dónde vive la aplicación. Eso lo resuelve el registro.
Cómo lo aplicamos: Ingeniería de Plataforma.