El dato pesa
Una aplicación se puede desplegar en otra región en minutos. Mover varios terabytes de datos lleva horas o días, cuesta dinero en transferencia y puede estar limitado por ley. Por eso, en una arquitectura cloud, los datos atraen a todo lo demás: el cómputo acaba yendo a donde están los datos, no al revés.
Diseñar empezando por las aplicaciones y dejar los datos para el final es la forma más segura de acabar con transferencias caras, latencias inesperadas y problemas de cumplimiento.
Cuatro preguntas por cada dato
- ¿Dónde vive? Región, proveedor y servicio. Y si tiene copias, dónde están.
- ¿Quién lo lee y desde dónde? Cada lectura desde otra región o desde fuera del proveedor tiene costo y latencia.
- ¿Cuánto se mueve? El volumen mensual de transferencia entre zonas, regiones y hacia fuera. Normalmente lo que entra es gratis y lo que sale se paga.
- ¿Qué lo obliga? Normativa de protección de datos, residencia exigida por contrato o por sector, plazos de conservación.
Errores que se pagan cada mes
- Separar la aplicación de su base de datos en regiones distintas: cada consulta cruza la red y se nota en latencia y en factura.
- Copiar datos "por si acaso" a otras regiones o proveedores sin que nadie los lea.
- Sacar datos del proveedor en bruto para analizarlos fuera, cuando podrían agregarse antes de salir.
- Olvidar la residencia hasta la primera auditoría.
El orden correcto
- Inventariar los datos: qué hay, cuánto, de quién y con qué sensibilidad.
- Decidir dónde vive cada conjunto, con su requisito legal y de recuperación.
- Colocar el cómputo cerca de los datos que más usa.
- Diseñar los flujos inevitables entre zonas y estimar su costo antes de desplegarlos.
Cuando los datos están bien colocados, la mayoría de las demás decisiones se vuelven obvias.
Cómo lo aplicamos: Arquitectura Cloud.