Dos fallos opuestos
Hay organizaciones en las que elegir el tamaño de un servidor requiere la firma de un director. Y hay otras en las que cada equipo elige proveedor, región y herramientas sin preguntar a nadie. Las primeras son lentas; las segundas, incoherentes. Ambas tienen el mismo problema: no está escrito qué se decide en cada nivel.
Tres niveles, tres ritmos
Estratégico. Decisiones que fijan el rumbo y cambian poco: con qué proveedores se trabaja, qué nivel de riesgo se acepta, qué principios guían la arquitectura, cuánto presupuesto se asigna. Se revisan con poca frecuencia (por ejemplo, cada trimestre) y las toma la dirección.
Táctico. Decisiones que convierten el rumbo en reglas: la norma, las arquitecturas de referencia, la aprobación de excepciones, la homologación de diseños. Tienen un ritmo intermedio (por ejemplo, mensual) y las toman los responsables de cada dominio.
Operativo. Decisiones del día a día que caben dentro de la norma: qué tamaño de instancia, cuándo desplegar, cómo resolver un incidente. Las toman los equipos, sin pedir permiso, porque la norma ya les dice qué pueden hacer.
La regla que lo sostiene
Una decisión se toma en el nivel más bajo en que cabe. Si un cambio cumple la norma, lo decide el equipo. Si necesita salirse de ella, sube un nivel como excepción. Si cuestiona un principio, sube al nivel estratégico.
Y cada decisión de los niveles superiores queda escrita (como los registros de decisión de la serie de arquitectura), para que los niveles inferiores sepan a qué atenerse sin preguntar cada vez.
Escalar sin que sea un drama
Escalar no es un fracaso, es un procedimiento: se describe qué se quiere hacer, qué regla impide hacerlo y por qué se cree que hay que hacerlo igual. Quien recibe el escalado responde en un plazo conocido.
Con quién decide qué ya definido, la pieza central de todo el gobierno es el documento que separa lo permitido de lo que no: la norma.
Cómo lo aplicamos: Gobierno Multicloud.